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LOS SECTORES POPULARES Y LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN Crónica de un pasado que fue mejor En 1963 Crónica vino a reinaugurar la tendencia populista en el periodismo argentino. Cincuenta años antes Crítica había procurado transformarse en “la voz del pueblo”, en un momento de ascenso político de las clases populares. Crónica retomó aquella bandera en un momento histórico en el que el sector político mayoritario de esas clases –encarnado en el peronismo- había perdido la posibilidad de ser representado. De alguna manera, entonces, ese sector popular debía ser expresado en el espacio público, y Crónica suplió simbólicamente esa falencia. Por Marcelo R. Pereyra
Los orígenes Hasta 1870 en Argentina predominó un periodismo de opinión, o doctrinario, que se hizo cargo de la representación de distintos grupos sociales y políticos. De esta manera las mujeres, los negros, los federales, los unitarios, los obreros o los socialistas contaron con periódicos endogámicos primordialmente pensados para, y consumidos por, los integrantes del grupo en cuestión. Numerosos cambios políticos, sociales y demográficos hicieron evidente la necesidad de otro periodismo que enfatizara en lo informativo frente a lo opinativo. La progresiva complejización de la vida en grandes ciudades requería de unos diarios que dieran cuenta de los acontecimientos que se producían cotidianamente. Esos nuevos diarios fundaron la corriente informativa. En este contexto emergió hacia fines del siglo XIX una variante bizarra del periodismo informativo: el amarillismo. Se trataba de incorporar al mercado a un nuevo lector: el que pertenecía a las clases populares recientemente alfabetizadas y a quien el periodismo tradicional no le atraía. El periodismo amarillista incorporó la emoción, el humor y el melodrama de la vida diaria de las clases bajas a través de retóricas sensacionalistas. Estética periodística que se intersectaba profundamente con expresiones culturales de lo popular caracterizadas por un predominio del relato y de la imagen. Crítica apareció como vespertino el 15 de septiembre de 1913 y se diferenció rápidamente de los matutinos por la profusión de dibujos y caricaturas, y por su diagramación ágil y visualmente entretenida. Aunque proclamaba su independencia política, puso en juego una ideología conservadora y antirradical que revertió bruscamente siete años más tarde cuando se autoproclamó como “la voz del pueblo”.
El sucesor Si en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX la vida diaria en las grandes ciudades era una fuente inagotable de nuevos problemas y fenómenos sociales, lo que se complejizó de una manera inédita después de la 2ª Guerra Mundial fue el mundo entero. La Guerra Fría, los procesos de descolonización en África y Asia, la guerra de Corea, las guerras independentistas, las invasiones militares de EE. UU. en el “patrio trasero” latino y centroamericano y de la URSS en Hungría y Checoslovaquia, la carrera espacial, la Revolución Cubana y otros acontecimientos internacionales, requerían de los diarios un esfuerzo permanente de contextualización de la noticia. Paulatinamente Crítica irá perdiendo su tinte amarillento y se volverá “seria” para incorporarse a la nueva tendencia del periodismo interpretativo. Por esa época, un adolescente porteño apasionado por el periodismo leía afanosamente todas las tardes Crítica y Noticias Gráficas. Poco afecto al estudio, prefería analizar la diagramación, las fotografías y los titulares de los diarios. Un tiempo después el joven logró entrar como ordenanza en el matutino El Nacional; allí aprendió los secretos de la fotografía que desarrolló en Hoy primero y en Democracia después. Luego trabajó como fotógrafo en Clarín y en Crítica. A los 19 años había dejado el colegio ya era un reportero fotográfico consumado. Repartía su actividad entre algún diario y dos revistas con temáticas que siempre lo atrajeron: el fútbol (Mundo Boquense) y el espectáculo y la farándula (La Cumparsita). Todos lo llamaban “el pibe García”. En 1954 el pibe ya no era más un pibe; Héctor Ricardo García tenía 22 años y ya había fundado su primera revista: Así es Boca, cuya vida útil se extendería hasta mayo de 1973. Inicialmente el éxito de esta publicación fue importante –los diarios por entonces todavía no le dedicaban mucho espacio al fútbol-, pero García quería algo más. Ansiaba dirigir una revista que diera cuenta de los “hechos de relevancia” en el ámbito nacional. Una noche de verano caminando por la calle Lavalle tuvo la revelación: observó cómo los transeúntes les arrebataban de las manos a dos canillitas los ejemplares del semanario Hechos en el Mundo, que había sacado una edición especial con fotografías de un caso de descuartizamiento. García juzgó que la avidez del público se correspondía con el escaso despliegue que los diarios le habían dado al macabro crimen, y entendió que esa pulsión morbosa debía ser periodísticamente satisfecha. Así nació Así. Fue en octubre de 1955, pocos días después del derrocamiento de Juan Domingo Perón.
Nace una estrella García tenía la idea de crear un diario distinto, destinado a un lector popular, desde los 18 años, cuando fue a cubrir un partido a Chile contratado como fotógrafo por Mundo Boquense. En su libro Cien veces me quisieron matar confiesa su deslumbramiento por los diarios santiaguinos “totalmente diferentes a los de Buenos Aires”: “Usaban color, publicaban grandes títulos, algunas veces ingeniosos, por no decir humorísticos, dedicaban mucho espacio al deporte, a las noticias de policía, al espectáculo. Contrastaban con la supuesta seriedad de los de Buenos aires, que desde su tapa hasta su página central se ocupaban sólo de temas internacionales, de discursos en los parlamentos europeos o en las Naciones Unidas. Los temas populares prácticamente no existían” (p. 46). La primera parte del párrafo es toda una declaración de principios de lo que García entendía debía ser un diario, y que pondría en práctica, fielmente, con Crónica. La segunda parte revela la razón del éxito que tendría este diario: a principios de los ’60 no había un diario que satisficiera los gustos estéticos y temáticos de los lectores de las clases populares. Crítica había perdido su lectorado popular y estaba a punto de expirar; La Razón, que en su competencia con Crítica también había recurrido al sensacionalismo, se había trastocado en un diario adusto desde que, durante la Revolución Libertadora, pasó a ser controlado por un sector del Ejército (Cf. revista Qué, números 162 y 163, del 24/12 y 31/12/1957, respectivamente, y Caso Satanowsky, de Rodolfo Walsh). Un dato que aporta el propio García en su autobiografía revela hasta qué punto estaban ausentes de la prensa las temáticas populares. De acuerdo con el fundador de Crónica, él fue el único reportero gráfico argentino presente en el Campeonato Sudamericano de Fútbol que se disputó en Lima, Perú, en 1957, pues ni siquiera las revistas de fútbol como El Gráfico y Goles habían mandado fotógrafos. En aquella estadía en la capital peruana García conoció a un colega del diario local La Crónica, Tolentino Alegre Reyes, a quien años después contrató como fotógrafo para Crónica. Del matutino limeño García no solamente tomó el nombre, también se maravilló con su sección de noticias policiales. En esta sección había trabajado en 1952 Mario Vargas Llosa, quien señala en su autobiografía que la “página roja” de La Crónica –la “reina y señora de la muerte violenta y del escándalo”- era uno de los “mayores atractivos” de ese diario. En 1963, gracias al formidable éxito que tuvo Así, García tenía el capital necesario para concretar su sueño del diario propio. Había decidido que fuera un vespertino. La jugada era inteligente, pues si sus lectores iban a ser, primordialmente, las clases populares que en gran parte habitaban en el Gran Buenos Aires, qué mejor que lanzar una edición 5ª para que los obreros y empleados pudieran comprarla en las estaciones de tren al regresar a sus hogares luego del trabajo. Sin embargo, la cuestión no se presentaba fácil pues tenía que enfrentar a cinco vespertinos: Crítica, Noticias Gráficas, Correo de la Tarde -dirigido por Francisco Manrique-, El Siglo y el más temible de todos: La Razón, por entonces uno de los diarios de mayor tirada en Latinoamérica. De todas formas el 29 de julio de aquel año García puso a Crónica en la calle. Para 1969 entre las tres ediciones el diario vendía más 600.000 ejemplares. En 1965 García compró un terreno ubicado en Azopardo y Garay y en 1970 se inauguró el nuevo edificio. Simultáneamente, el éxito de Crónica le permitió incursionar en la radio (Colonia), la televisión por aire (canal 2 y canal 11), la producción de espectáculos (Estrellas Producciones) y finalmente en la televisión por cable (Crónica TV).
Marcas de nacimiento Crónica se caracterizó desde el principio por un lenguaje llano, sencillo y directo; con predominio de lo narrativo en desmedro de lo argumentativo. Excepcionalmente el diario explica los hechos: se limita a informarlos. Su retórica apunta más a la conmoción que a la reflexión. Con cierta frecuencia apela a la ironía y al humor, sobre todo en la sección deportiva. Su agenda privilegia las noticias policiales, el espectáculo, el turf, los deportes y los juegos de azar. La actividad política tiene mucha menos importancia. La profusa y dramática utilización de la fotografía es otra característica distintiva. El mundo representado por Crónica es el de sus lectores. A través de los casos policiales que selecciona, por ejemplo, el diario visibiliza la vida cotidiana de las clases populares. La violencia que muestra es una violencia cercana al lector, es la que ocurre en su barrio o en otros barrios similares al suyo. Al cumplir 31 años de vida, el 29/7/94, Crónica editorializó en su primera página: "Nuestro diario, frontal, sin remilgos, (...) marcó un estilo. Su forma de tratar las noticias policiales, las tragedias, fue señalada como "periodismo amarillo". Era por lo menos de mal gusto publicar un cadáver y más aún en tapa. Hoy día todos los periódicos, no digamos imitan, siguen la ruta señalada por Crónica " (las negritas son del original).
El pueblo y la gente Evidentemente en 1963 había un nicho en el mercado de la prensa argentina que no estaba cubierto. Había un lectorado popular desatendido por los diarios del momento, más inclinados hacia las clases medias (Clarín y los vespertinos) y altas (La Nación y La Prensa). No ocurría lo mismo en otros países latinoamericanos que contaban con una larga tradición de prensa amarillista. Cuarenta años después el diario recordaría sus primeros pasos –la autorreferencialidad explícita es otra de sus marcas- caracterizándolos como un “triunfo sensacional” gracias a que sus propósitos eran los de “hacer un diario distinto y fundamentalmente popular”: “Llegamos nosotros, llenos de ímpetu. Llenos de cosa distinta. Llenos de pueblo…” (29/7/2003). Su –pretendida- ubicación en el universo de lo popular, es otra de las características de su contrato de lectura que Crónica resalta permanentemente. El lema, copiado por García del diario Clarín de Chile, es un ejemplo posible: al sostener que está “Firme junto al pueblo”, el diario toma una posición particular, definida, que lo distingue de la pretensión de universalidad que enarbolan los otros diarios. Crónica se hace cargo de la representación del pueblo cuando, por ejemplo, se incluye dentro del nosotros de la argentinidad deportiva: “COMO LAS MALVINAS: LOS INGLESES NOS ROBARON EL PARTIDO” (título de tapa, 23/7/1966); “ARGENTINA, REY DEL MUNDO/ SÍ; NO HAY TIERRA COMO LA NUESTRA” (título de tapa, 26/6/ 1978). La interpelación al lector popular se refuerza con una agenda temática y con una retórica de lo sensacional que son afines a los gustos de ese lector. Y un último argumento en este sentido: Crónica es en la actualidad el único diario de circulación nacional que tiene una sección de noticias gremiales. Ése es el pueblo al que apunta el matutino: el obrero esforzado, el pobre pero bueno –el que no delinque, el que no protesta- que puede comprar de tanto en tanto un ejemplar. Con el paso de los años ese consumo irregular se fue acentuando, pues el público de Crónica fue el más perjudicado por las sucesivas crisis económicas. Los cambios políticos y culturales difuminaron a lo popular como categoría: el pueblo se transformó en “la gente”. Actualmente Crónica es un recuerdo que agoniza en una convocatoria de acreedores. La única edición sobreviviente, la matutina, se edita en su enorme edificio, ahora descascarado y mustio, habitado apenas por un puñado de periodistas y obreros gráficos. En las noches sólo uno de los pisos está iluminado y reina el silencio lúgubre de los mausoleos. Ya no se escuchan, como en los años de gloria, las voces exaltadas de redacciones bulliciosas, ni el tronar de las rotativas trabajando a marcha forzada. Al igual que para sus lectores, para Crónica el tiempo pasado fue mejor.
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